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La relación entre las palabras y el cambio de creencias

Cuando alguien dice: “Yo soy un desastre en matemáticas”, sonriendo… casi siempre mira hacia abajo. ¿Por qué? Puede que quiera quitar hierro a algo que en el fondo no le gusta. Es algo muy interno, interior, es una sentencia. Imagínate que en lugar de hacer bromas, cada vez que dices algo se confirmase. Así, entonces, ¿quién va a aprender matemáticas nunca? Si realmente necesitaras las matemáticas, ¿verdad que lo harías? Otro caso común: “Yo, para los idiomas, soy nefasto”. ¿Realmente eres nefasto? Si fuera nefasto para las lenguas, cómo es que puede hablar? Y si vive en Catalunya, ¿cómo es que puede hablar dos lenguas de manera indistinta?

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Conozco un caso de una mujer a quien, de pequeña, sus padres le decían que ella no podría nunca aprender a nadar. “Cuando eras bebé y veías el mar, en cuanto nos acercábamos un paso, llorabas. Pero llorabas de manera desesperada, eh!! Y fíjate: cuando nos alejábamos un paso más, dejabas de llorar.” Ahí tenemos claramente un marco enorme de interpretación de “mapas”. Los padres tienen un mapa en su mente, pero quizá aquella niña simplemente se sentía impregnada de esa enormidad que es el mar, quizá no era miedo, y aun así: si fuera miedo, ¿no podían ellos haber hecho que ella tuviese una relación más armónica con el mar, hablándole, enseñándole que es agua, que se puede tocar, uno se puede bañar, a través del juego, de la canción… y así enseñarle puede estar tranquila y feliz cuando ve el mar? Sea como fuere, ellos, desde luego hicieron lo mejor que supieron, pero por lo que ella me contó, vivió limitada hasta que a los 20 años ella se dijo: ¿Por qué no? Decidió por sí sola que podía aprender a nadar porque su cuerpo es igual que el de la mayoría de las personas. Decidió ir cada día a la piscina y que, con ayuda de una tabla o de lo que fuera, el primer día iba a cruzar 2 largos. Y cada día iba a nadar una piscina más. ¡Al cabo de un año hacía natación sincronizada, con la cabeza dentro del agua y los pies fuera!! En el festival de Navidad su padre no se creía lo que estava viendo. Al cabo de dos años nuestra amiga era monitora de natación sincronizada. Y ella demostró que las creencias se pueden romper y cambiar, que cuesta mucho, sobre todo si son antiguas, pero se puede.

Es curioso darse cuenta de cómo las personas que nos aman, a menudo nos limitan. Desde luego que lo hicieron con toda la buena intención del mundo (en el caso de nuestra amiga, el objetivo era proteger a la niña), pero conviene revisar nuestras creencias. Si detectamos creencias limitantes, podemos detectar cuándo se produjeron, cómo, y ¡podemos cambiarlas!

¿Hablamos?