Rendirse y aceptar, para poder cambiar

Desde pequeños nos enseñan que rendirnos está mal, que hay que luchar hasta el final. Esta es una opción válida en muchos casos, pero como todo, no hay que aferrarse a ella. Porque, si aquello por lo que luchamos no nos sale a cuenta, por qué luchar hasta el final? Por qué no aceptar aquello que no se puede cambiar, y centrarnos en aquello que sí podemos cambiar?

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En yoga hay bastantes posturas que están en una posición de servitud, de humildad, de aceptación, como el embrión (en la fotografía), on la posición del discípulo, y tantas otras.

Y es que en la vida no podemos solucionar nada tanto si aceptamos indiscriminadamente y nos quejamos por la “mala suerte” que hemos tenido, como si creemos que no hay cosas que aceptar y luchamos por cambiar aquello que a veces no puede ser cambiado.

Es importantísima la observación. Desde fuera. Como en la meditación. Observar como el surfista cuando quiere practicar su deporte favorito. Tiene que ver el mar, cómo está, cómo se mueve, hacia dónde van las olas, su largo, su profundidad, la altura de las olas… ¿De qué sirve adentrarse y buscar olas si hoy el mar está completamente rizado con olas de medio metro sin orden ninguno?ocean-918999_1920

Observar. En silencio. Tranquilamente. Aceptar aquello que no puede ser cambiado, como el curso del río. Si queremos cruzar el río de una orilla a la otra, si el río va muy caudaloso y con fuerza, quizá es mejor seguir el curso del río, y será más fácil cruzarlo en diagonal que luchar en contra de la fuerza del agua.

Una vez aceptamos qué es lo que hay (como dice el Mago More: “Cuando hay lo que hay, hay lo que hay”) entonces podemos ver qué es lo que realmente podemos cambiar, y entonces modificar exactamente aquello que puede ser modificado.

Si puedes, organiza un rato para poder observar. Ver la situación desde fuera te puede ayudar. Mentalmente o físicamente. O quizá desde los dos ámbitos. No esperes a estar en medio del caos porque siempre cuesta más. Acepta, acepta, acepta. No luches. Acepta. Y luego cambia.

Como decía Louise Hay: “It’s okay. And then change”. “Está bien! Luego cambia”

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