El subonsciente no entiende las ironías

Dicen que el inconsciente no tiene sentido del humor y, por tanto, no entiende ni de ironías ni mucho menos de sarcasmos. No entiende las bromas “ni de buen gusto ni de mal gusto” que recibimos de otr@s, ni mucho menos de nuestras propias bromas.

Dicho de otra manera: te dolía cuando alguien hacía una broma con tu nombre cuando eras pequeñ@? Cuando has hecho bromas sobre tí mism@, ¿cómo te has sentido en el fondo de tu ser? ¿Te estabas limitando?

La palabra tiene un gran poder y, según las personas que estudian los procesos subconscientes, cualquier cosa que decimos, nuestro inconsciente lo interioriza como una afirmación. Decir, por ejemplo, “estoy gorda” significa para el subconsciente que  hay que portarse como una persona gorda: hay que comer más de lo que se necesita para acumular grasa. ¿Cuántas veces has hecho afirmaciones irónicas o sarcásticas sobre ti mism@? La repetición es una manera de anclar hábitos. Nos volvemos marionetas de nuestras propias afirmaciones.

La repetición nos obliga
La repetición de la ironía y el sarcasmo ancla nuestr comportamiento y nos convierte en marionetas

Cuando afirmamos “siempre llego tarde” o “soy un desastre para recordar los nombres“, seguiremos llegando tarde y nos olvidaremos de todos los nombres… Cambiar las percepciones de nosotr@s mism@s nos ayuda a actuar como lo que queremos ser. Si decimos “soy puntual“, empezamos a anclar esa afirmación, y cuando la repetimos muchas veces la interiorizamos, y acabamos saliendo antes para llegar a la hora. Si afirmamos “recuerdo los nombres“, cuando nos presenten a una persona nueva, iremos creando nuevas conexiones neuronales, nos esforzaremos por recordar sus caras, recordaremos auditivamente cómo aquella persona nos dijo que se llamaba, e incluso repetiremos su nombre varias veces durante la conversación para poder recordarnos a nosotr@s mism@s diciendo su nombre, anclando su cara y su voz unas cuantas veces.

Si persistimos con las ironías y los sarcasmos, esas actitudes no nos llevan a nada bueno. Y no digamos cuando lo hacemos riéndonos de las demás personas. Cuando nos reímos de alguien mediante la ironía o el sarcasmo, ¿realmente lo que deseamos es reírnos de los demás? ¿Realmente lo que deseamos es establecer que somos más inteligentes? Si se lo decimos a alguien (porque en esos casos suele haber una complicidad con otras personas), esas otras personas ¿qué pensarán de nosotr@s? ¿Creerán que nos reímos fácilmente de las otras personas (y quizá de ell@s mism@s algún día)? ¿O quizá creerán, como pretendemos, que somos realmente más inteligentes que nadie?

Y si es así, ¿por qué necesitamos (re)afirmar(nos) que somos más inteligentes? ¿Más inteligentes que quién? Quien es inteligente, lo sabe, y ya está, no necesita expresarlo. Se ve. Y es posible la persona inteligente no se preocupe ni siquiera de pensar que lo es. Tendrá algo más inteligente en qué pensar.

Hablamos?